Hoy me pesaron los versos, amor
y durante un momento
dudé si quería o no
llegar a ser poeta,
sé que muchos
vendrían a beber
ese vino dulce-amargo
que sería mi sangre.
Dudé un instante, amor,
lo admito abiertamente,
conozco demasiado bien
a las palabras,
esas mágicas confidentes
de cambiantes caras
que reflejan el momento
las reflexiones, locuras, sentires,
abismos, luces y pesares
tanto de quién las escribe,
como de quién las lee,
y el intrascendente infundio
de los espejos de tinta
en que acaban siendo convertidas
por los que no han ahondado
en las palabras: "amor" y "auténtico".
Te confieso, amor,
pagano, comprensivo y abnegado
que durante un insondable segundo
me sentí torpe y abatido
antes incluso de empezar a escribir,
porque sé que mientras
el poeta se va quemando a lo bonzo
para que sus versos iluminen,
la bastedad que se le opone
resulta imposible de hundir,
aunque un muerto solo flote
porque ya está vencido.
Tony García

