domingo 20 de noviembre de 2011

Dios no existe


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Sucedió hace muchos años, siendo yo un niño, en un club de As Pontes (La Coruña) llamado "El Lar". LLegó el hermano de un conocido -que es unos tres o cuatro años menor que yo- armando la algarabía padre. El chaval estaba como en éxtasis, eso lo recuerdo muy bien, e iba con otro amiguito, este último mucho más callado, de hecho, no recuerdo que dijese nada, se limitaba a acompañar al loco en su trance, allá a donde fuera.

El chaval, cuyo nombre no recuerdo, aunque sí el de él hermano, pero que omitiré, como es lógico por mera prudencia y respeto, giraba sobre si mismo, miraba a la gente, se metía por debajo de las mesas. "Sus padres no deberían haberlo dejado solo", pensé en aquel momento.
Y todo eso ¿Por qué? Pues visto lo visto, se había dado cuenta -si hacemos casos a sus palabras- de que "Dios no existe". No paraba de repetir, cual disco rayado, que dios no existe, como si no le hubiésemos escuchado ya todos. Aquello era una locura transitoria en toda regla, y de tal calibre que varias horas después, seguía con la misma cantinela. Daba toda la impresión de no estar en sus cabales. El caso es que no lo decía como la travesura de un niño, lo decía con sorpresa, con el mismo aire que tienen los inventores chiflados en el momento de gritar: "Eureka". Lo decía profundamente, con varios tonos distintos y en las más variadas situaciones, al mismo tiempo que cometía disparates allá por donde fuera, como si la opinión de la gente no le importase, parecía que se sentía liberado, por lo visto debía ser que a él solo le importaba la opinión y el juicio de dios, y al no existir este, desaparecieron sus inhibiciones y se sentió libre para dar rienda suelta a la locura.

Siento curiosidad por saber si se ha dado cuenta de lo que le pasaba -yo por entonces no me dí- o se quedó en esa idea. Si hoy en día me dijese que no cree en dios; confirmado, se quedó igual. Pero sí me dice que sí que cree, es que ha resuelto el enigma que sin saberlo, se estaba formulando a si mismo: a dios no se le puede intelectualizar, no se le puede comprender con el cerebro porque está más allá de él. Pero se le puede sentir inefablemente, se puede conectar más o menos. Reconozco cuando alguien está en ese trance; cuando decía "dios no existe" no importaba realmente lo que estaba afirmando, le estaba hablando al mismo dios, solo que en aquel entonces no podía entenderlo racionalmente. Creo que lo que le estaba diciendo era: "no puedo entenderte ni nunca podré mientras viva, pero te siento y yo también soy dios porque estás en mí, me diste libre albedrío, ¡que maravilla!". Por mi parte, pocas veces he visto a nadie hablando tan directamente a dios como en aquel momento lo estaba aquel niño que repetía continuamente: "Dios no existe".

Tony García

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